
Paseando por las calles de Concepción, observando a las personas y las vitrinas me he dado cuenta de una cosa: todos andamos iguales, tal vez unos más exagerados que otros, unos más excéntricos, etc., pero a fin de cuentas todos iguales y creo tener la razón al porqué de este asunto (que es pseudosuperficial (si la palabra la inventé) pero que tiene un trasfondo social) y acá va mi teoría:
Las personas de alta sociedad, la gente de plata, usa una moda que ellas (ellos) imponen, ya sea porque la observan en un desfile de alta costura, ya sea porque vienen de Europa o de países desarrollados o sencillamente las crean por la "amplia" cultura que deben tener acerca de la moda, en fin...
Entonces ¿qué pasa? ...
Las grandes tiendas comienzan a exhibir en sus vitrinas, la ropa que usan estos personajes con el fin de estar a la vanguardia de la circunstancia y que dichos entes sigan comprando su mercancía, por lo tanto, nosotros, la clase media, que sólo podemos acceder a estas grandes tiendas por una cuestión monetaria (nos propician la compra a créditos, las "facilidades" de pago, etc.) nos vemos en la obligación y OJO la OBLIGACIÓN de comprar esta ropa, nos guste o no, ya que es lo único que se nos puede ofrecer, y como zombies compramos algo que no sabemos muy bien si nos agrada o no, si nos queda muy bien o no, es que no hay nada más para poder variar, entonces lo compramos simplemente.
El problema es que si no lo compramos pronto, se comienza a "prostituir" el tema y la gente de clases aún más bajas, la comienza a adquirir también y todos nos vemos iguales; cuando las niñas de la alta sociedad observan esto, entonces lógicamente, ellas deben cambiar el atuendo tan veloz como un rayo, para no andar igual que la plebe, entonces nuevamente cambian su moda y nuevamente las tiendas cambian las suyas y nuevamente nosotros cambiamos las nuestras, cuando ya nos gustaba nuestra ropa y nuevamente andamos todos iguales...
En la actualidad nos encontramos en un remolino del tiempo, todos vistiéndonos como salidos de un portal de los 80, con unos pantalones pitillos espantosos y unas poleras anchas que ni forma tienen... nos obligan a estar in y no podemos decidir lo contrario

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