
Las personas en general tienen amigos, de toda la vida, amigos de la infancia, amigos del colegio o sencillamente ese grupo de amigos, con el que hacen todo, salen, corren, juegan, mutan, etc.
Mi caso tal vez es diferente, por millones de trillones de situaciones, las cuales aún desconozco, nunca tuve ese grupo de amigas, quizás por mi gran familia, numerosa hasta decir basta, quizás por mi amistad con mis hermanos, tal vez por mi intolerancia, actualizada y disminuida, pero puede ser... a finales de cuentas aún no comprendo cómo no creé esos lazos.
No hablo de mis mejores amigos, porque si los tuve y los tengo, un poco alejados de mi, pero los tengo, es que la edad y la experiencia no pasan en vano, al final la paciencia se va volviendo una gran virtud, que en la adolescencia prácticamente no existe, pero cuando uno ya tiene unos añitos encima, espera y espera, a esos amigos ocupadísimos... esos pocos y casi nulos amigos, contados sólo con una mano, y lamentablemente varones, si y disculpando a los hombres recios que leen este blog (fantasmales por decir lo menos), los hombres son demasiado diferentes a las mujeres. No hablo de pasarlo mal con ellos, al contrario amo a mis amigos, pienso que son una de las cosas más preciadas de mi vida, pero hoy vine a hablar del lado "b".
Hoy queridos fantasmillas, hoy tengo dos amigas, si, dos amigas, he tenido amigas antes, una, siempre, pero hoy tengo dos, y somos un grupo, un mini grupo, pero un grupo al fin, un grupo que nació de esta nueva oportunidad profesional que la vida y que yo misma me he dado, un grupo extraño. Pienso que tal vez, ellas no saben y nunca sabrán el sentimiento de extrañeza, de sentirse incluida en un lugar. Probablemente mis otras amistades, dominantes, sin culparlas a ellas, si no una especie de mea culpa, ya que mi dependencia era demasiado notable, a fin de cuentas, eso es para otro cuento.
Hablo de amigas, que me esperan, que me incluyen, y eso es freak, por decir lo menos, o sea sin ser una "pobre víctima de la sociedad", pero es verdad, me esperan y hasta a veces me siento hostigada por mi falta de costumbre, es una situación extraña, demasiado extraña, es como vivir en un mundo paralelo, en un mundo en donde estoy yo, salida de mi misma, observándome cómo me comporto en sociedad, en una especie de documental de bajo presupuesto y en donde me veo, yo, como protagonista de una historia en la que tengo dos amigas, en donde mi tolerancia llega a límites desconocidos y en los cuales opino y juzgo, así mismo, juzgo cual crítica de cine, a amistades que no lo sienten así, lo sienten como parte de una conversación, de una vida normal, de algo esperable, como si el concepto de la palabra amistad significara aceptar a la persona tal cual es, como si fueran reales esas definiciones lanzadas al aire, de manera romántica-utópica, pero que existen y es que no sé si es verdad o no, si la interacción es buena o es mala, pero presiento que es así, que ES simplemente, y que no hay maldad en sensaciones.
Las tres, en diferentes circunstancias y en tiempo limitado hemos entregado tanto, con recursos escasos, entonces nos hemos transformado en unas súper heroínas, en contra de los propios sentimientos de crecimiento, de senaciones de vivir, de sonrisas, abrazos, cariños, enojos, estrés y tantas cosas más. Cada una con defectos y virtudes aumentados por una lupa, en el momento en el que nos conocimos, pero basta una mirada de confianza y de camaradería para darnos cuenta que estamos caminando por el mismo lado, inclusive hasta telepáticas conversaciones imaginarias.
Somos unas chicas superpoderosas, cada una venida de una realidad diferente, cada una intentando salvarse sola cuando las tres nos hemos rescatado de una sociedad doble estándar, de una sociedad errada para nosotras, aunque tal vez nosotras seamos para la sociedad, seres imperfectos.
Las tres en nuestras imperfecciones somos perfectas y tenemos súper poderes.